
Es el conjunto de técnicas
fisioterápicas
destinadas al alivio doloroso, es decir, que contribuye a la
eliminación de
síntomas, no a corrección de patologías. ¿El TENS es sinónimo de
analgesia? Podría
serlo ¡solamente “un poquito . . .”!
Los padres de
Se han ido sugiriendo nuevos
métodos,
algunos de ellos muy extendidos y famosos, pero el tiempo se encarga de
demostrar que son de dudosa eficacia. Sin embargo, hay otros métodos
que no se
extienden como debieran a pesar de su eficacia, como la modulación cero.
El concepto de ELECTROANALGESIA
implica la
aplicación de energía electromagnética al organismo para reducir "ciertos dolores",
en lugar de hablar del DOLOR como síntoma único.
La energía electromagnética aplicada puede ir desde:
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Normalmente pensamos en la
analgesia que
generan los TENS o pequeños estimuladores portátiles. Éstos, realmente
están
muy limitados en sus posibilidades, pues la capacidad para diseñar
corrientes y
modificarlas no se puede comparar con las capacidades que ofrecen los
estimuladores clásicos utilizados en fisioterapia. Éstos superan
ampliamente la
potencia en opciones ante los TENS.
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Estamos hablando de baja
frecuencia, pero la
media frecuencia ofrece efectos y capacidades específicas para luchar
contra
"ciertos dolores", no contra el dolor en general. Así
mismo, la aplicación de calor profundo o superficial, la
magnetoterapia,
ultrasonidos y láser también generan analgesia mediante efectos
fisiológicos
que más adelante se verán.
Cuando los pacientes relatan sus
dolores,
los manifiestan con expresiones muy diversas, tratando de hacerse
entender con
adjetivos y comparaciones que en ocasiones resultan peregrinas (debido
a la
dificultad de expresar una vivencia personal y con frecuencia la
primera que se
siente). Pero, generalmente existen algunas expresiones comunes a casi
todos,
tales como: sensación de quemazón, dolor opresivo, dolor que sigue un
trayecto,
entumecimiento doloroso, dolor con el movimiento, dolor persistente sin
movimiento y en reposo, dolores profundos y difusos no localizables,
dolores
muy puntuales, dolor a la presión, dolor a la elongación, etcétera.
Para entender el dolor concreto de
cada
paciente. Es fundamental un buen diagnóstico (no sólo de la patología)
de la
causa del dolor. Si no entendemos su origen más podremos aliviarlo.
No obstante, aquí no
contemplaremos dolores
viscerales, reflejados ni de origen psicógeno (si es que éstos últimos
existen). En fisioterapia nos encontraremos habitualmente con procesos
traumáticos y degenerativos que causarán dolores:
Además de entender el mecanismo desencadenante de cada uno de ellos, es fundamental aprender a explorar y entender a los pacientes en sus manifestaciones aparentemente extravagantes, así como interpretar los mecanismos lesionales.
Con la exploración palpatoria (capacidad bien desarrollada en los fisioterapeutas), deberemos concluir claramente el estado del proceso explorado, marcar la estrategia del tratamiento analgésico, diseñar la corriente adecuada y comprobar resultados.
De no conseguir resultados apropiados, deberemos pensar que nuestra
estrategia es la errónea, en lugar de acudir al fácil recurso de
considerar la patología como no abordable o con matices psicógenos en
el paciente.
Es el dolor debido a procesos inflamatorios agudos o procesos degenerativos crónicos. En la inflamación aguda la actividad metabólica es alta, el pH alcalino, la generación de energía es muy elevada y las disoluciones se licuan. En los procesos crónicos disminuye la actividad metabólica, el pH se acidifica o baja, la generación de energía disminuye y las disoluciones orgánicas tienden a coagularse.
Para corregir, con electroterapia de baja frecuencia, este tipo de
alteración debemos aplicar la corriente galvánica o todas las pulsadas
pertenecientes al grupo de las interrumpidas galvánicas que posean
polaridad e importante componente galvánico. En los procesos agudos se
situará el polo (+) sobre la zona afecta, mientras que en los crónicos
se aplicará el (-).
Cuando los músculos se hallan largo tiempo contracturados, sufren
déficit circulatorio y acúmulo de toxinas causantes de dolor. Este
dolor químico se elimina generando contracciones musculares seguidas de
descansos o pausas que provocan bombeo intramuscular.
Dolor mecánico
Es el debido a hiperpresiones
persistentes
sobre ciertos tejidos, a hipertensiones mantenidas, roces reiterados,
acortamientos tisulares, desgarros tisulares, atrapamientos tendinosos,
entesitis osteotendinosas en diferentes grados, contracturas
musculares,
atrofias musculares, malposiones vertebrales y todas aquellas
alteraciones
morfológicas que, visualmente y palpando, detectemos como fuera de lo
normal. Este
tipo dolor puede manifestarse tanto en el foco de origen como a
distancia de la
sesión.
Estos dolores, en su gran mayoría,
son
provocados por alteraciones de tipo mecánicas o biomecánicas, bien
degenerativas o causadas por trauma. Pero éstos conducen a procesos
inflamatorios y, en consecuencia, se superponen los dos tipos de dolor:
bioquímico y mecánico.
Para atacar a los dolores
mecánicos, con
electroterapia de baja frecuencia, usaremos corrientes
dirigidas al
trabajo muscular, a fin de conseguir que los músculos se relajen, se
elonguen y
desbriden otros tejidos. Por ello aplicaremos vibraciones musculares,
trenes o
ráfagas de corta duración (de
Lógicamente, la previa exploración
nos aclarará
si el trabajo muscular está indicado, pues en circunstancias de roturas
musculares, tendinosas o desinserciones (en proceso agudo o
reciente)
buscaremos otras vías de ataque. Cuando haya transcurrido el tiempo
suficiente
sobre los procesos cicatriciales de las referidas lesiones, ya podremos
aplicar
las respuestas motoras.
Este tipo de dolor se origina por
presión o
pinzamientos de las raíces nerviosas, por atrapamiento del nervio en su
trayecto, por agresión tóxica a las fibras nerviosas, por
desmielinizaciones e
hipersensibilidad de las terminaciones nerviosas.
Algunas causas generadoras de
dolores
mecánicos debidos a contracturas musculares pueden provocar
pinzamientos o
aplastamientos de los troncos nerviosos, por ello, las técnicas que
relajan los
músculos afectados también pueden eliminar ciertos dolores neurálgicos
previamente localizados por la exploración.
Para atacar a este tipo de
dolores,
principalmente se realiza mediante el estímulo sensitivo persistente y
mantenido con corrientes de frecuencia fija (entre 80 y 150 Hz), pulsos
muy
cortos (menores de 0,5 msg) y sin considerar el componente de
polaridad, (mejor
eliminarlo). Los TENS cubren este efecto, pero el TENS no cubre los
motores ni
el componente galvánico.
Se trata de conseguir un fuerte
estímulo
sensitivo de las terminaciones rápidas para que en la formación
reticular
medular cierren el paso a los estímulos persistentes de dolor.
Dependiendo de
la intensidad y causa generadora del dolor, esta táctica falla con
cierta
frecuencia, viéndonos obligados a precisar bien la exploración y
estrategia
analgésica.
Los procesos inflamatorios agudos
provocan
hipersensibilidad de las terminaciones nerviosas involucradas en la
zona
inflamada. Este dolor en principio bioquímico, se debe a la alteración
perceptiva de las terminaciones nerviosas tanto exteroceptivas como
propioceptivas. Por ello, si lo consideramos como dolor neurálgico en
este
estadio de agudeza y aplicamos corrientes de fuerte componente
sensitivo in
loco, aumentaremos el dolor. Previamente debemos reducir su actividad
metabólica con el (+) de una galvánica u otra de fuerte componente
galvánico.
La situación de los electrodos
(ante dolores
neurógenos) suele hacerse sobre el punto doloroso, uno, y el otro a lo
largo
del trayecto nervioso. Otras veces puede ofrecer resultados
satisfactorios la
fijación de electrodos sobre puntos nerviosos proximales a la zona
dolorosa,
pero que en el paciente genera adormecimiento distal a los electrodos y
coincidente con la banda dolorosa, situación habitual en los dolores
manifestados como entumecimiento de una zona metamérica.
No es lo mismo un dolor neurálgico que un dolor neurogénico. En el caso de una ciátalgia nos hallamos ante una neuralgia. En el caso de un dolor refierido causado por una agresión moderada al nervio, es un dolor neurogénico. El dolor muscular de una zona epicondílea puede derivarse de un pinzamiento en zona cervical o dorsal (en la raíz secundaria).
MetodologíaCorriebtes
No está de más volver a
comentar que, normalmente
se entremezclan
los tres tipos de dolor, pero su diferenciación es importante para
entender
el mecanismo causante y establecer la adecuada estrategia.
Así mismo, no es necesario
centrarse en
un único enfoque (dolor bioquímico, dolor mecánico o dolor neurálgico),
sino
que podemos atacar dos o los tres componentes con la misma corriente.
No se debe practicar una única
modalidad por
sesión. Siempre es más adecuado aplicar diferentes métodos en la misma
sesión
para atacar a los diferentes dolores localizados en la exploración,
o intentar cubrir con una corriente diferentes efectos. Esta sugerencia
complica el trabajo y lo aumenta, pero desgraciadamente no es ésta la
tendencia,
si se considera el redimiento económico de las terapias.
Para dolores bioquímicos pueden
utilizarse la corriente galvánica, DF, MF, UR o cualquier otra diseñada
y
construida sobre el estimulador atribuyéndole el porcentaje deseado en
componente galvánico. La intensidad de la corriente debe estar limitada
por el
nivel de tolerancia del paciente a la corriente y el límite de
seguridad en
densidad energética, de 0,1 mA/cm2 de la galvánica o del
componente
galvánico en las pulsadas.




Para dolores mecánicos podemos
aplicar
pulsos cuadrangulares en una frecuencia de
Si pretendemos que los trenes
conserven
polaridad o un mínimo de componente galvánico, construiremos los trenes
monofásicos. Pero si no damos importancia al componente galvánico, es
mejor que
los compongamos con pulsos bifásicos (según las siguientes figuras).



En los dolores neurógenos
aplicaremos
corrientes mantenidas con una frecuencia fija (o con suaves
modulaciones en
frecuencia y anchura de pulso) con o sin componente galvánico. Si
mantenemos el
efecto galvánico, actuaremos sobre el componente de dolor químico. Si
anulamos
el efecto galvánico, únicamente actuaremos sobre el dolor neurogénico.
Buscaremos estímulo sensitivo
intenso (no
doloroso) y persistente para bloquear en la formación reticular medular
el paso
del dolor hacia cerebro. Para ello aplicaremos pulsos cuadrangulares de
± 0,5
ms y frecuencia entre 80 y 150 Hz. Pulsos bifásicos para anular el
componente
galvánico, monofásicos para mantener componente galvánico. El límite de
intensidad quedará marcado por la sensación no dolorosa del
paciente y por
la respuesta motora en corrientes de frecuencia fija.


Esta aplicación en frecuencia
fija
provoca acostumbramiento sensitivo (acomodación sensitiva) a la
corriente,
obligando a elevar la intensidad cuando el paciente comenta que
disminuye el
estímulo. Es necesario elevar la intensidad para elevar el umbral
sensitivo y
el umbral al dolor.
Si pretendemos evitar el efecto
de
acostumbramiento, podemos seleccionar una corriente que provoque un
estímulo
cambiante al paciente, modulando la frecuencia o anchura de pulso.

Es más eficaz la opción de
frecuencia
fija, pero requiere la atención constante sobre la sesión para elevar
la
intensidad periódicamente, o en su defecto, enseñar al paciente a
subirse la
misma.
Son muy clásicas las corrientes
UR de 2-5
ó la de Leduc con 1-10, es decir:
2 ms
de pulso
cuadrangular y 5 ms de reposo dando una frecuencia de 142 Hz y un
componente
galvánico del 28% para
La primera es muy interesante
en dolores
bioquímicos y neurógenos, en tanto que la segunda ofrece muy buen
resultado
sobre el componente neurálgico y menor en el bioquímico.
No conviene superar el 50% de
componente galvánico.
Para ello se ajustarán pulsos iguales o menores que los reposos.
Normalmente,
los buenos equipos de electroterapia no permiten transgredir esta norma
o
circunstancia, aunque algunas corrientes de las diadinámicas superan el
50%.
Las
corrientes
con frecuencia fija no pueden superar el umbral motor, pues conllevaría
una
contracción mantenida durante toda la sesión (circunstancia a evitar).
Se
elevará la intensidad hasta conseguir buen estímulo sensitivo, lo que
obligará
a cuidar bien la localización de electrodos para eludir en lo posible
las
respuestas motoras. Las respuestas motoras se reservan para las
vibraciones
musculares y para los trenes.
Ante dolores bioquímicos,
dependerá mucho
del componente galvánico de la corriente y la intensidad sintomática,
pero
entre 15 y 30 minutos pueden resultar muy adecuados.
En los dolores mecánicos
podemos obtener
respuestas positivas con sesiones de
Para dolores neurálgicos
mantendremos la
corriente entre 20 y 30 minutos. Si la elección fue la adecuada,
estaremos ante
un tiempo suficiente. No es conveniente superar dicho tiempo máximo, ya
que las
aplicaciones durante horas provocan un efecto de acomodación en los
pacientes
tan pernicioso que, progresivamente, hacen inútil la técnica.
Nuevamente, hay que insistir en
combinar
durante la misma sesión los tres enfoques dolorosos adaptados a la
exploración
previa. La habilidad y buen enfoque de la patología nos conducirá a la
mejor
estrategia. En caso de no conseguir los resultados adecuados en las dos
o tres
primeras sesiones, deberemos replantearnos el procedimiento y buscar
otro o
aplicar variantes que corrijan nuestro error.
El número de sesiones puede ser
de una
diaria (en algunas circunstancias dos) o en días alternos, dependiendo
de la
necesidad que tengamos de aliviar síntomas dolorosos para que el
paciente nos
permita practicar otras técnicas terapéuticas. No es buen método ceder
el TENS
al paciente para que éste se lo autoaplique en su domicilio, pues el
TENS
resulta muy limitado en las técnicas de analgesia y, por otra parte, se
pierden
las posibles variantes o modificaciones para adaptar la técnica a la
estrategia
dictada por la necesaria exploración previa a cada tratamiento.
El total de sesiones vendrá
dado por la
consecución del objetivo pretendido. Si con dos se alcanzó la analgesia
total,
no procede aplicar más. Tal vez, en otras circunstancias, no esté
indicada la
técnica por agravar más la sintomatología, o suspenderla durante algún
tiempo
por no considerarlo importante, o modificar el procedimiento habitual.
Si el
número de sesiones es excesivo sin resultados (digamos diez), hemos
elegido mal
el procedimiento, así que buscaremos otro método o anularemos la
técnica.
En los dolores bioquímicos, uno
de los
electrodos se situará sobre la zona afecta; el otro actuará de masa,
más
grande, contralateral y próximo al activo. El activo será el negativo o
el
positivo según lo decidido en cada caso.
En dolores mecánicos (y dado
que buscamos
respuestas musculares) los electrodos se situarán en modalidad bipolar
o
monopolar en punto motor muscular o nervioso. En modalidad bipolar, los
dos
electrodos pueden ser iguales; en monopolar, más pequeño el activo que
el otro
destinado a masa. Generalmente, el activo debe poseer polaridad
negativa.
Para los dolores neurálgicos
debemos
buscar los trayectos nerviosos o puntos nerviosos mediante aplicaciones
longitudinales. También puede interesar la fijación de un electrodo
sobre la
zona dolorosa para influir en el umbral doloroso de las terminaciones
nerviosas
del foco.
Cuando se conjuguen más de una
técnica
simultáneamente, consideraremos la colocación de electrodos para que se
cumplan
en lo posible dichas pautas.
Ante corrientes de media
frecuencia
aparece un efecto interesante de analgesia, más bien de
pseudoanestesia.
Consiste en aplicar la portadora alterna de 4.000, 5.000 ó 6.000 Hz sin
modulación (ver la siguiente figura).

Aplicada durante
La intensidad es elevada,
bastante más
que con baja frecuencia, pero el paciente tolera muy bien el estímulo
de
calambre eléctrico.
Esta corriente se consigue
aplicando
únicamente un circuito de las interferenciales tetrapolares o
seleccionando
modulaciones bipolares con la modulación a cero.
Los electrodos se situarán
siguiendo el
trayecto nervioso.
| ©Aviso legal | Nota al público general.-- Las técnicas de electroterapia no consisten en aplicarse un aparato “que alivia o elimina los dolores” y aplicárselo sin más. O usar un potenciador muscular que publicita “menganito de tal” y . . . ¡a ponerse fuertes!. Estas técnicas requieren de una base de conocimientos que el profesional conoce para ajustar los parámetros, situar los electrodos, dosificar correctamente e indicar la metodología de tratamiento. |