TRANSFERENCIA ELÉCTRICA CAPACITATIVA
(TEC)
Dada la curiosidad planteada por algunos compañeros sobre este tema, veamos en qué consiste.
Es una interesante y vieja técnica recuperada y perfeccionada por una determinada marca comercial, basada en la aplicación de alta frecuencia en forma manual y local.

La impedancia de los tejidos vivos
El circuito aplicador en campo capacitativo o de condensador
Personalmente pienso que a este sistema de trabajo le está costando introducirse en el mundo de la fisioterapia por causa del enfoque comercial. En su momento se ofertó "cuasi" como panacea con influencia curativa en un amplio grupo de patologías. Su uso se ha mantenido bastante marginal y fundamentalmente en el sector de la estética. Paulatinamente se le está dando su justo valor y va perdiendo el calificativo despectivo del "... crecepelo ...".

Debemos considerarlo una técnica más de termoterapia profunda y local con sus ventajas, desventajas, indicaciones y contraindicaciones. No es justo que existan detractores totales ni seguidores acérrimos.
Son ondas sinusoidales de 0,7 - 1 Mhz (700.000 a 1.000.000 de Hz) en aplicación mantenida (no pulsada) regulando su potencia hasta conseguir sensación térmica en el paciente.
El método consiste en el desplazamiento manual de un cabezal o electrodo móvil sobre una zona corporal previamente cubierta por una crema deslizante diseñada exprofeso para esta técnica. Este electrodo es pequeño y recubierto de un material no conductor, por lo que, la parte conductora, no entra en contacto con la piel.

Los equipos vienen dotados de una gama de electrodos para distintas aplicaciones.


El otro electrodo, normalmente metálico y bastante más amplio, se sitúa en otra zona corporal a distancia pero en contacto directo con la piel.

Se apoya en tres fenómenos físicos:
Para conseguir que la energía pase al organismo con electrodos que no se encuentran en contacto directo, se requiere elevar la frecuencia hasta valores próximos al megahercio, donde, con relativamente baja diferencia de potencial, se pueden conseguir arcos voltaicos o transferir la energía aunque exista un dieléctrico entre el circuito y el organismo.
Es decir, en un circuito RCL, la capacidad que presenta el sistema de trabajo es tal que en frecuencias más bajas actuaría de corte eléctrico, pero en estas frecuencias, sí permite el paso energético.
La impedancia de los tejidos vivos
Los tejidos vivos ofrecen una resistencia o impedancia al paso de energía a su través. Los tejidos vivos son conductores medios. Ello quiere decir que gran parte de su energía se va a absorber y transformar al vencer la resistencia opuesta a su libre desplazamiento por las disoluciones orgánicas.
Pero, más que la resistencia, serán los desplazamientos iónicos forzados y obligados por la diferencia de potencial eléctrico, los que realmente generarán calor por la agitación o aumento del movimiento Browniano. Luego, allí donde más energía se concentre por unidad de volumen y donde sea más alta la proporción de disoluciones o dispersiones coloidales, mayor será la generación térmica.
Esta frecuencia también tiene mucho que ver en que este fenómeno se produzca. La frecuencia de la onda corta puede servir, pero el circuito electrónico es más complejo y caro.
El circuito aplicador en campo capacitativo o de condensador
El circuito se basa en dos cables que emergen de la máquina. Uno llega al organismo directamente, por apoyo directo del metal y con amplia zona de contacto. El pequeño se aproxima al organismo sin tocarlo, de forma que una capa aislante que recubre el electrodo garantiza la falta de contacto entre el electrodo metálico y la piel.

Es en este punto donde la energía tiene que transferirse a través del dieléctrico (efecto capacitativo), concentrándose su efecto en las proximidades de este pequeño electrodo que, normalmente, se aplica manualmente.
Si las zonas de aplicación del electrodo activo son ricas en líquidos y disoluciones, permitirán el desplazamiento con suficiente densidad de energía; si el electrodo es lo bastante pequeño y el aporte energético suficiente, conseguiremos la combinación que permita la generación de calor en mayor o menor cantidad.
Suficiente potencia energética
Para conseguir que al otro lado del electrodo pequeño se desplacen los iones y cargas ionizadas, se requiere crear diferencias de potencial importantes. Para ello, el equipo generador de energía debe diseñarse de forma que lo consiga dentro de márgenes variables y cambiantes en el circuito RCL: resistencia de los tejidos, capacidad del campo de condensador, tamaño del electrodo activo (y del pasivo), distancia entre los electrodos, etc.
La potencia o energía aplicada se regulará hasta conseguir en el paciente sensación térmica bien percibida pero no quemante. Normalmente requiere retoques durante la sesión y jugar con el desplazamiento del electrodo activo o cabezal.
No es necesario indicar la potencia en vatios, ya que este parámetro depende mucho de las variables que afectan al circuito. Sí es fundamental regularla o modificarla hasta que el paciente detecte la sensación térmica que pretendemos.
Como en el caso de todas las técnicas de electroterapia, la dosificación es la más compleja y polémica, cuando debiera ser la base de la técnica.
Si consideramos la potencia aplicada (en W), no siempre recibirá la misma energía el paciente; nos importa la energía recibida.
Teóricamente podríamos calcular el trabajo realizado, pero en la práctica es excesivamente complejo. Por ello, aplicaremos la tabla que se basa en la percepción subjetiva del paciente desde el grado I al IV. (Ver dosificación de alta frecuencia).
Hay quien pretende estar jugando con el límite de tolerancia térmica del paciente. Otros se mantienen en un grado II o grado III para estimular el metabolismo de forma moderada.
Debemos considerar si la aplicación térmica está indicada o por el contrario se requiere la aplicación de frío.
En general, en procesos agudos e inflamados, liberaremos energía aplicando frío; en procesos crónicos, inyectaremos energía aplicando calor.
Puede existir un intermedio o transición en que la indicación de ambos sea correcta. En los casos subagudos, la aplicación se hará lenta y baja sensación térmica para no saturar el sistema; en los crónicos, puede forzarse el límite de saturación del sistema.
Cuando se aplica una potencia moderada con una percepción térmica baja y respuesta de termorregulación débil, el tiempo puede prolongarse bastante, hasta que el sistema se sature generando una vasodilatación intensa y fuerte enrojecimiento local (si es que se alcanza).
Cuando se aplica una potencia importante, consiguiendo una percepción térmica clara, con bastante generación calórica, se desencadenará una fuerte respuesta de termorregulación con enrojecimiento que aparecerá con cierta rapidez. Cuando percibamos sudoración local o fuerte enrojecimiento, detendremos la sesión.
Calor es la generación o aplicación de la energía térmica en un medio. Su unidad es la caloría.
Temperatura es la densidad de calorías por unidad de volumen del medio. Su unidad es el grado en distintos sistemas (ºC).
Siempre que se genere calor en un medio, tiende a aumentar la temperatura; pero si se refrigera la zona, aunque se genere calor, no tiene por qué aumentar la temperatura.
Evitaremos que la densidad de calorías o temperatura no supere los 42 ºC.
Debemos aplicar esta técnica (y otras de termoterapia) siempre que el paciente mantenga en buen estado sus mecanismos biológicos de termorregulación; ante su defecto, nos toparemos con una contraindicación.
En todos los procesos de tipo degenerativo que implique enlentecimiento o retardo del metabolismo, riego y nutrición. En general patologías con el sufijo OSIS o ITIS cronificadas.
Cuando deseemos provocar aumento de vasodilatación y riego bajo la zona tratada (superficialmente y en algunos centímetros).
Cuando pretendamos mejorar el riego, nutrición y oxigenación de los tejidos bajo el electrodo activo.
Cuando deseemos fluidificar derrames articulares densos y coagulados (siempre que no se aprecie inflamación aguda).
Puede estar indicado en determinados procesos infecciosos como accesos purulentos para acelerar su explosión al exterior, sinusitis crónicas, prostatitis crónicas, otros procesos urogenitales que no soporten infecciones floridas ni agudas.
Celulitis, miofibrosistis.
Explicar al paciente la técnica, objetivos y situaciones de aviso o alarma para informar al terapeuta.
Averiguar si el paciente mantiene intacta la percepción térmica (parálisis, parestesias).
Mantener la atención y concentración para evitar maniobras inadecuadas a fin de impedir la generación de arcos voltaicos que pueden causar pequeñas quemaduras.
Vigilar que la respuesta de vasodilatación no sea exagerada o entre en evoluciones paradójicas.
Retirar la técnica si se observa empeoramiento o ineficacia. Puede darse un empeoramiento inicial aparente (exacerbación sintomatológica) para evolucionar a mejoría.
Averiguar si el paciente posee un equipo de marcapasos cardiaco, otros dispositivos electrónicos u osteosíntesis metálicas.
Eliminar metales y adornos de los pacientes.
Aislar al paciente de tierra o de todo elemento metálico del mobiliario que pueda causar una fuga a tierra.
No tocar al paciente con la otra mano, pues la alta frecuencia (radiofrecuencia) del cable que llega al electrodo activo induce campos eléctricos sobre el terapeuta (salvo que dicho cable esté debidamente apantallado y protegido).
Cuidar las aplicaciones sobre los centros nerviosos importantes o ganglios neurovegetativos del simpático o parasimpático.
Cuidar que en mujeres embarazadas el campo electromagnético pueda invadir la zona de gestación.
Observar atentamente la zona por si se aplicara sobre varices, flebitis o tromboflebitis.
Cuidar las aplicaciones en las proximidades de las glándulas endocrinas o exocrinas.
No aplicar si el paciente no percibe la sensación térmica.
Sobre zonas donde se localicen metales de osteosíntesis.
No aplicar simultáneamente con otros equipos de electroterapia.
En procesos tumorales, sobre todo malignos.
Glándulas que generen aumento intempestivo de hormonas.
En focos infecciosos (puede estar indicado en determinadas circunstancias).
Tromboflebitis.
Ante la administración de vasodilatadores o anticoagulantes.
En hemofílicos.
En procesos febriles.
En la zona abdominal ni lumbar durante los momentos de la menstruación.
En mujeres embarazadas si el campo eléctrico invade la zona de gestación.
http://www.oftalmo.com/seo/1998/03mar98/06.htm